PONENCIA

 

 

Tema: Más allá de la Década Pérdida: Movimientos Indígenas y la transformación del Desarrollo y la Democracia en América Latina

 

Marco Murillo I.

( Ecuador)

 

Los cambios sociales registrados en nuestro país durante la denominada década perdida y durante esta última década están identificados por una gran movilidad social, producto de un proceso de nuevas formas de organización de la sociedad civil que ha dejando de lado las viejas estructuras sociales para dar paso a otros. Esto hizo que el pueblo indígena, en su conjunto, se convirtiera en un nuevo actor social que planteaba no solo ser tomado en cuenta para la toma de decisiones y su espacio en la política, sino que buscaba reivindicaciones sociales nacionales.

 

Esta búsqueda permanente hace que la historia de consolidación del movimiento indígena sea una historia marcada por constantes luchas, manifestadas en diferentes formas con el propósito de generar cambios importantes en los enfoques con respecto a la identidad y los derechos indígenas.

 

Cambios estos que se han logrado y que deben ser entendidos en tres niveles aunque están interrelacionados: primero, existen cambios importantes en el ámbito internacional que completan los derechos de los pueblos indígenas; segundo, existen reformas constitucionales y legales importantes en la Constitución Política del Ecuador; tercero, hay un fortalecimiento extraordinario de diversas organizaciones de los pueblos indígenas a nivel local, regional y nacional

 

En el ámbito internacional esto se evidencia claramente en los nuevos instrumentos legales internacionales que reconocen: “Las aspiraciones de los pueblos indígenas a ejercer control sobre sus instituciones, su modo de vida y su desarrollo económico, además de mantener y desarrollar su identidad, idiomas y religiones dentro del marco de los Estados en los que viven”[1]. Además establece mecanismos y procedimientos de consulta: “Los pueblos bajo consideración tienen el derecho a decidir sus propias prioridades dentro del proceso de desarrollo al éste afectar sus vidas, creencias, instituciones, bienestar individual y las tierras que ocupan o utilizan y tendrán el control, hasta la medida posible, sobre su desarrollo económico, social y cultural”[2].

 

De lo expuesto se desprende que los pueblos indígenas tenemos derecho a ejercer nuestra autonomía y autodeterminación como colectividades de manera específica el ejercicio del derecho al autogobierno de nuestra cultura, religión, educación, información, medios de comunicación, salud, vivienda, empleo, bienestar social, actividades económicas, gestión de la tierra, recursos naturales, medio ambiente, entre otros.

 

En el ámbito nacional, durante los años 80 y esta última década, los diferentes gobiernos de turno han reconocido la diversidad cultural e institucional de las organizaciones indígenas. Las razones se deben sobre todo al incremento de una conciencia indígena entre los pueblos mismos, el fortalecimiento de nuestras organizaciones que han articulado nuevos procesos de participación y desarrollo político.

 

Es en este proceso de consolidación donde las organizaciones indígenas más representativas como la FEINE,

 

 

Movimientos Indígenas en el Ecuador

 

El movimiento indígena surge en respuesta a la desatención gubernamental de las aspiraciones, demandas y necesidades del pueblo indígena, sumadas a la negación de los derechos que nos asisten para reclamar la tierra, educación, salud integral, participación en los poderes del Estado y ejercicio en la función pública.

 

Dentro de la historia del movimiento indígena, los indígenas evangélicos hemos jugado un importante papel en la generación de acciones de intervención social, por ello, la intención de la presente ponencia, es analizar brevemente la presencia del Consejo de Pueblos y Organizaciones Indígenas Evangélicas del Ecuador “FEINE”, como protagonista de diversas acciones que han contribuido al proceso de constitución y fortalecimiento del movimiento indígena en el Ecuador y su influencia en la sociedad nacional para incidir en el cambio de comportamiento social

 

Por ello es preciso que se conozca el rol cumplido por la FEINE como gestor de un fuerte movimiento social que ha ido paulatinamente insertándose en un contexto de lucha pacífica que busca el reconocimiento de su identidad cultural y la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas. Este proceso ha servido para que se reconozca su fuerza organizativa y para demostrar que su propuesta es en favor de los más pobres.  Para ello la FEINE ha llevado adelante un cambio en su estructura organizativa conformando el Consejo de Pueblos y Organizaciones Indígenas Evangélicas del Ecuador, máximo organismo de representación y que demuestra su mandato hacia los pueblos indígenas y la sociedad. Todo esto acompañado de una nueva visión que da paso a un nuevo discurso que rompe de alguna manera con lo monolítico del fundamentalismo evangélico y étnico para dar paso al reconocimiento, respeto y tolerancia a las diferencias.

 

Propugna la construcción de una sociedad justa y solidaria sustentada en la relación de Dios con el hombre y del hombre con la naturaleza respetando los principios  cristianos y la cosmovisión indígena.

 

Es innegable que el proceso de fortalecimiento de la FEINE esté dirigido a generar grandes cambios de orden económico, social, político y moral en la sociedad nacional. Este fuerte proceso de cambio interno que soportan las bases y la FEINE obliga a incorporarse en diferentes ámbitos del quehacer social y político del país, actitud que es vista con mucho interés por parte de otras instituciones pero que a su vez crea un fuerte recelo por parte de quienes ya han ganado su espacio de presencia en el país y en el exterior.

 

Pero nuestra intervención en la acción política pretende diferenciarse de la práctica de los viejos esquemas manejados por los partidos políticos que representan los intereses de una minoría que tiene en sus manos el poder económico y político de nuestro país.

 

Queremos revalorizar la acción política actuando con honestidad y transparencia a pesar de todas las limitaciones para demostrar que el estilo autoritario, violento y exclusionista de la vieja clase política esta carente de propuestas.

 

Sabemos que el movimiento indígena, como cualquier institución joven, está en un proceso de consolidación que hay que fortalecer día a día, dejando de lado discrepancias dirigenciales que no llevan a nada.

 

Es preciso por tanto la integración entre los sectores indígenas, porque solamente ahí podremos avanzar juntos hacia un destino común en la búsqueda del mejoramiento de la calidad de vida y de oportunidades para nuestros pueblos. Solo podremos avanzar si estamos claros de que las soluciones no vendrán de fuera; no habrá cambio posible sino unimos fuerzas.

 

 

Desarrollo y Democracia

 

La población indígena del país es "la más pobre de los pobres", medida tanto en términos de consumo como por las necesidades básicas insatisfechas. Este panorama sugiere el deterioro de las condiciones de vida en el campo y el incremento de los niveles de pobreza rural.

 

Según datos del Banco Mundial, alrededor del 95% de la población reciben ingresos inferiores al requerido para satisfacer las necesidades básicas: en el campo 7 de cada 10 personas viven en hogares pobres, en tanto que 4 de cada 10 son pobres en las ciudades. En definitiva la pobreza es el resultado del proceso de exclusión social, discriminación y marginación que hemos sido objeto los pueblos indígenas a lo largo de la historia.

 

A todo esto se suma el proceso de industrialización, las constantes políticas de ajuste frente a la crisis financiera y actualmente la dolarización que han significado: la caída del precio real de los productos, la merma de oportunidades laborales, la dificultad para adquirir tierras, el debilitamiento de políticas gubernamentales para el sector indígena; todo ello, en medio de altos índices de crecimiento demográfico traducido en grandes migraciones, en una enorme presión sobre los recursos y en acelerados procesos de erosión de la tierra y degradación del medio ambiente. Semejantes resultados amenazan más que nunca drenar los cimientos culturales de nuestros pueblos.

 

De ahí que nuestra capacidad de auto subsistencia se ha visto mermada por efecto del modelo económico imperante que lejos de constituirse en vehículo para el desarrollo nacional, se ha constituido en una amenaza para nuestra vida. Por ello, es importante implementar acciones a fin de incrementar los niveles productivos propios de nuestros pueblos, conservando la cosmovisión y potencializando los conocimientos ancestrales para propiciar un desarrollo sustentable con identidad.

 

Nuestro país sigue enfrentando el mismo dilema y desafío por la construcción de una sociedad sin exclusiones, una democracia sin violencia, un desarrollo centrado en la realización de las personas y en el respeto al medio ambiente. No obstante los inmensos esfuerzos e iniciativas de la mayoría de la población, una modernización fundada en las leyes implacables del libre mercado y en la reducción de la responsabilidad social y económica del Estado han generado una creciente desigualdad social, grandes marginaciones, pobreza y muerte.

 

Pese a que nuestros derechos han sido periódicamente reconocidos en la Constitución y en la Leyes de la República, su real vigencia sigue siendo una quimera. Los sucesivos gobiernos y autoridades se han encargado de que impere la injusticia, la intolerancia, la corrupción y la impunidad. En este sentido cualquier perspectiva de desarrollo humano y libertad está negada.

 

La tradición de resistencia y lucha libertaria de nuestros pueblos, de nuestros hombres y mujeres, de nuestros niños, jóvenes y ancianos es suficientemente altiva y eficaz como para pensar que no hay opción por la esperanza.

 

Por ello estamos los que resistimos al autoritarismo, al atropello, a la agresión y a la mentira; los que desafiamos a diario las penurias y las crisis; los que vencemos al desempleo, a la inseguridad alimentaría, a la depredación de los recursos naturales, a la falta de créditos y asistencia técnica; los que combatimos a la discriminación étnica y de género, los que transformamos cotidianamente al país con nuestro trabajo, con nuestras iniciativas y creatividad.

 

Hoy más que nunca nuestra voluntad de cambio está fortalecida, nuestra identidad se enriquece con nuestra diversidad pluricultural y avanzamos a paso firme en la construcción de un futuro de justicia, equidad y paz. Nuestra fuerza serena es la antítesis del pánico.

 

En síntesis, las propuestas desarrolladas por la población indígena presentan potencialidades como: posible vinculación con el mercado externo, diversificación de cultivos,  implementación de la agroindustria y garantía del consumo interno de alimentos, por lo tanto la seguridad alimentaría. Estas ventajas se deberían potencializar, por ello es necesario emprender acciones encaminadas a mejorar la productividad de la producción indígena y con ello a mejorar la calidad de vida de la población en general.

 

De ahí que es preciso que las iniciativas de desarrollo de las instituciones y bancos multilaterales de desarrollo, de los programas y agencias de las Naciones Unidas y de algunos de los donantes bilaterales principales, deban dirigirse específicamente al sector indígena. Solo así se podrá ver y entender el “desarrollo indígena” como un asunto prioritario.

 

Por ello es urgente que el desarrollo indígena sea para el Estado una preocu­pación de política específica de alta priori­dad, que el gobierno en la necesidad de construir una nación moderna y de integración nacional se interese también por la lucha contra la discriminación, las medidas de compensación, el acceso a los recursos, la igualdad de oportunidades y la participación de los indígenas en el estado y en sus instituciones.

 

No se solucionan los problemas de los indígenas solo creando como se lo ha hecho durante esta última década instancias gubernamentales para los pueblos indígenas como: la Secretaría Nacional de Asuntos Indígenas y Minorías Étnicas "SENAIN", el Ministerio Étnico Cultural, el Consejo Nacional de Planificación y Desarrollo de los Pueblos Indígenas y Negros "CONPLADEIN", y actualmente el Consejo de Desarrollo de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador "CODENPE"; instancias que en lugar de ser gestoras de las políticas de desarrollo para los pueblos indígenas, mas bien se han convertido en una burocracia que se ha dedicado a fraccionar y debilitar al movimiento indígena.

 

Por eso es que nuestro trabajo debe estar encaminado a fortalecer a las organizaciones indígenas para participar más eficazmente en los gobiernos locales a fin de canalizar los recursos del Estado en una mayor proporción hacia nuestras comunidades.

 

Nuestra meta debe ser participar de lleno en una estructura reformada del Estado, puesto que los pueblos indígenas no queremos ser vistos ni presentarnos como grupos vulnerables que se benefician de la protección del gobierno o como meros enfoques de mitigación o de protección.

 

Queremos ser actores, que se reconozcan nuestros derechos, preservar nuestros valores culturales, ser consultados en todos los asuntos que nos afectan, ejercer control y ser gestores de nuestro propio desarrollo.

 

Hemos avanzado en ello, pues en el papel jugado por los pueblos indígenas y sus instituciones en la sociedad nacional, se ven reflejados en los nuevos instrumentos legales concernientes a la identidad y a los derechos indígenas, las reformas constitucionales y legales, los nuevos enfoques administrativos y el crecimiento de nuestras organizaciones indígenas nos da la capacidad de interactuar con las más altas esferas de las autoridades gubernamentales.

 

También podemos hablar de democracia participativa, de pluralismo y de consenso, marco donde surgen los intereses sociales, económicos y políticos de los diferentes grupos sociales que regulan el debate en la esfera pública. Donde el pluralismo admite la tolerancia y el reconocimiento a las diferencias y el consenso aparece como la capacidad de diálogo de los todos los sectores de la sociedad y como parte de una auténtica democracia deliberativa, que conlleva la acción comunitaria y el entendimiento a través del diálogo y la comunicación en beneficio de un interés general.

 

Ello supone ponernos de acuerdo en tres aspectos importantes:

 

1.    El consenso sobre reglas fundamentales: que persiguen los mismos fines valorativos para definir reglas actitud inhales, condición fundamental para el desarrollo de la democracia participativa.

 

2.    Las reglas de procedimiento: que consisten en reglas de juego claras que permiten abrir espacios donde los conflictos puedan ser procesados y los actores políticos puedan resignificar sus acciones, reglas que dan certeza accionaria sobre el juego político y sus implicaciones.

 

3.    Consenso sobre el disenso: que consiste en el reconocimiento a las diferencias. Elemento necesario para una verdadera democracia participativa y plural, ya que el consenso solo puede ser discutido alrededor de la diversidad.

 

En el contexto político, el interés clave, es estructurar un verdadero estado multiétnico y multi­cultural, que cuestione la exclusión social, respete la identidad cultural y a la vez promueva la integración nacional dentro del marco general de una economía de mercado moderna.

 

Cualquier plan social debe partir de la revalorización y el reconocimiento de las cualidades y potencialidades de las organizaciones, comunidades y pueblos indígenas por parte de la sociedad nacional; así como, el fortalecimiento de las identidades de cada pueblo, a fin de buscar el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros pueblos.

 

 

Proyecto Político de vida y de Desarrollo de la FEINE: Objetivos y Propuestas

 

El Consejo de Pueblos y Organizaciones Indígenas Evangélicas del Ecuador "FEINE", desde su creación en 1980, ha presentado una serie de propuestas y demandas a los diferentes gobiernos que van desde una reforma de la administración pública hasta medidas económicas que faciliten el mejoramiento de la calidad de vida de nuestros pueblos. Sin embargo, los diferentes gobiernos de turno han respondido creando instituciones indígenas dentro de la estructura del Estado como una estrategia de manipular y desvirtuar nuestras propuestas.

 

No puede quedar al margen de este análisis el papel jugado por la FEINE en la generación de un proyecto de vida mediante políticas sociales, económicas, culturales y educativas en beneficio los pueblos y comunidades indígenas, con el fin de alcanzar un desarrollo integral y armónico de manera participativa y democrática.

 

Nuestra propuesta es conocida por todos, aunque mal interpretada por muchos con posiciones reductivistas, mientras que en el fondo es una propuesta que plantea el fortalecimiento de la identidad cultural y de los pueblos indígenas, al mismo tiempo el fortalecimiento de la sociedad nacional a partir de la diversidad de sus culturas, religiones, géneros, etc. como un proyecto unificador.

 

Busca un nuevo estilo de desarrollo basado en la equidad la justicia social; el respeto y la armonía con la naturaleza; el logro de una mayor eficiencia productiva; el mejoramiento de las condiciones de vida; la asimilación crítica del conocimiento; el desarrollo de nuestros propios sistemas organizativos y el ejercicio de un poder alternativo inspirado en nuestra cosmovisión y valores cristianos.

 

Plantea nuevas formas de representación política, en las que se reconozca la autogestión y la participación democrática del poder político, en forma proporcional en la administración política del Estado, es decir, la participación de nuestros  representantes en las diferentes instancias administrativas del Estado para la toma de decisiones referentes a nuestros pueblos y comunidades.

 

El modelo de desarrollo implementado en el Ecuador, en las últimas décadas, no articula en forma estructural lo económico con lo social, ni mucho menos con lo espiritual, lo cual pone en evidencia la urgencia de confrontar el problema de la iniquidad y desigualdad, de tal manera que trascienda a un mejoramiento del nivel de vida de nuestros pueblos.

 

El funcionamiento de nuestra sociedad en los últimos años se ha caracterizado por la concentración del poder económico y la desvalorización de los principios éticos y morales, tutelados desde los las diferentes estructuras del Estado, con el perjuicio evidente para la población indígena, creando una serie de efectos secundarios de carácter negativo.

 

A pesar de la globalización, el ser humano sigue siendo el centro del mundo, como tal es un miembro de una sociedad dinámica y vehículo de su propia cultura, mediante la transmisión de los elementos culturales. El hombre garantiza la continuidad y el desarrollo social, cultural, ideológico y económico, este proceso de creación espiritual satisface las necesidades y planea las soluciones de los problemas de las personas, familias, comunidades, pueblos y sociedad en general.

 

Es urgente desarrollar una política integral que abarque todos los planos de la vida social, económica, política, ideológica, cultural y espiritual. Ello implica ejercer nuestros derechos constitucionales desde la perspectiva de los distintos actores socioculturales; procesar demandas de autonomía; Adecuar los sistemas de representatividad pública e institucionalizar las relaciones entre los diversos sectores de la sociedad nacional.

 

De esta manera enfrentar el dilema y desafío para la construcción de una sociedad sin exclusiones, una democracia sin violencia, un desarrollo centrado en el respeto al medio ambiente, una libertad para el ejercicio religioso, un afianzamiento de valores y principios morales.

 

Nuestra propuesta se proyecta como una estrategia de desarrollo con identidad, a fin de ser actores sociales dinámicos y propositivos. Ello implica generar espacios de reconocimiento, tolerancia y respeto mutuo  de la diversidad existente al interior de los pueblos indígenas y de la sociedad ecuatoriana, ya que somos diversos. Y es precisamente a partir de esa diversidad que estamos construyendo nuestro gran proyecto político de Vida y no de muerte.

 

 

 

 

Marco Murillo Ilbay

PRESIDENTE FEINE

       

 



[1]    Convenio 169 de la OIT.

[2]    Ibid.