El contexto y el sistema político en el movimiento indígena ecuatoriano.

 

(Texto preliminar sujeto a correcciones diversas)

                                                                                                                                             Jorge León T.

                                                                                                                                             CEDIME[1]

 

 

Introducción

            Las relaciones y los conflictos étnicos  en el continente, entre los pueblos de origen precolombino[2] y las otras poblaciones, en el periodo contemporáneo, no han dado lugar, en todas partes a la emergencia de movimientos de identidad o étnicos, ni menos a la emergencia de actores políticos étnicamente diferenciados.

 En el Ecuador, las relaciones étnicas entre estas poblaciones conocen similares dinámicas sociales y culturales que en los demás países latinoamericanos que tienen significativa población indígena a través de la redefinición de la condición étnica al nivel individual y colectivo, a  medida que las poblaciones indígenas se insertan en nuevos espacios de acción y de vida, tanto por diferenciación social como por movilidad social, frecuentemente con la migración interna o ahora internacional, lo cual conlleva la renovación de pertenencia, el resituar a  la persona ante el mundo, el ¨nosotros¨ ante los ¨demás¨, etc.. Este proceso de cambio pasa, en general, por una  reinvención del pasado y de la etnicidad, se trata de  una recreación de identidades ante el cambio. (ref. bibliográfica)

Paralelamente, se conocen diversos procesos de afirmación colectiva y de reconocimiento de estas poblaciones como entes colectivos tanto por el Estado como por el conjunto de la sociedad[3].  Frecuentemente, tras las múltiples afirmaciones del pasado o la valoración de la tradición o de su reinvención actual encontramos la búsqueda de medios o recursos para enfrentar la modernización (en el sentido de M. Weber). Más que una ratificación de la tradición es su recreación y modernización que predominan. En este proceso, a la postre, no se contraponen tradición y modernidad, los dos polos crean una dinámica para insertar a estas poblaciones  en la modernización actual a partir de sus propios recursos o condiciones. En Ecuador se conocen todos estos fenómenos en lo cotidiano. (ref. bibliográfica)

Llama la atención en Ecuador, además, la importancia adquirida por las organizaciones de  estos pueblos, primero como parte de un movimiento social de identidad y, en segundo lugar, como actores políticos importantes en la escena política, en particular luego de su participación pública en el derrocamiento de Jamil Mahuad (enero 2000). Este proceso no es nuevo ni exclusivo al Ecuador. El movimiento Katarista en Bolivia, la historia trágica y mal develada de Guatemala, o la participación de los indígenas en Nicaragua o en Colombia, o recientemente, el impactante efecto de Chiapas en México, entre otros casos, han marcado hitos de una tendencia a la constitución de actores políticos étnicamente diferenciados con impactos diferentes, según los casos. En unos casos predominan sus acciones en alguna coyuntura, en otros sus propuestas de redefinición del Estado y de su inserción en los mecanismos de participación política[4].

La persistencia  e importancia en la vida pública ecuatoriana de los últimos diez años, de este tipo de organizaciones y de movimientos requiere una explicación. No acontece lo mismo en otros países en los cuales existe una población indígena  importante e inclusive, como en el caso de Bolivia, tanto las organizaciones como el movimiento étnico son anteriores y tuvieron igualmente presencia pública significativa que, empero, no ha continuado.

            En nuestra hipótesis, un contexto de cambios sociales en las regiones rurales luego de la reforma agraria y ciertas características del sistema político ecuatoriano permiten comprender este proceso, de modo concomitante con la acción de estos actores.

            Para ello, señalaré,  primero, ciertas características de la constitución de estos actores sociales; en segundo lugar, algunas acciones colectivas y en la escena política que sitúan los aspectos que he identificado de ser actor político. En tercer lugar,  me referiré al contexto social considerado como una dimensión explicativa y comprensiva de este movimiento. En cuarto lugar, presentaré las características pertinentes del sistema político ecuatoriano y, finalmente, varias conclusiones que tratan de interpretar el sentido de los procesos que conlleva este movimiento.

 

Movimientos de identidad

 

            En los estudios actuales existe un redescubrimiento de  estas relaciones y conflictos étnicos, a través de la constitución y no raramente de la búsqueda de la imagen de un ¨nuevo indígena¨. Se tiende a considerar los cambios en dichas relaciones como fruto del contexto actual, y frecuentemente como resultante de los fenómenos de mayor internacionalización o globalización. Sin embargo, como trataré de situar  para el caso ecuatoriano, estos cambios hacen parte de fenómenos de larga duración, cuanto más que las relaciones y conflictos étnicos han sido constitutivos de las estructuras sociales y de los Estados andinos.

            Las relaciones étnicas, las cuales tienen diversas dinámicas y expresiones, no son aquí consideradas, sino desde la óptica de un movimiento de identidad. Como lo hemos definido con anterioridad, los proceso de participación política de estos sectores étnicamente diferenciados “implican un rechazo a la discriminación, una búsqueda de igualdad de derechos y su constitución colectiva como sujetos activos en la vida pública, y conllevan una redefinición  individual y colectiva de sí mismos.

En consecuencia, múltiples acciones de estos movimientos buscan explícita o tácitamente la construcción de la imagen de uno mismo y del "otro", acto que a veces inclusive prima sobre todos los demás. Se trata de la inserción de los excluidos en nuevos espacios sociales, públicos y privados, lo que expresa un cambio de la sociedad y de sí mismos. Este doble  proceso de redefinición de los roles y estatus - que la etnia o el género u otro factor imponen - y la inserción en los espacios públicos, significan igualmente no sólo una redefinición propia en lo referente a la situación adscriptiva anterior sino también un reconocimiento  por parte del resto de la colectividad, diferentes de aquellas  del pasado. Un movimiento de identidad, por consiguiente, puede ser visto como un proceso de redefinición de los espacios diferenciados, creados por el mantenimiento  de pertenencias a colectividades sociales oponentes, entre cuyas acciones se tiende a priorizar la reconstrucción de la visión de si mismos en los actores, proceso que implica, en general ......., la modificación de un proceso de dominación.”[5]

 

                En esta conceptualización de un movimiento de identidad, readecuamos la ya clásica concepción de Frederik Barth[6] sobre los grupos étnicos y sus fronteras sociales. Barth consideraba que estos se defenían más por la "frontera" que los distanciaba de los otros grupos y no por su bagaje cultural. 

 

            En un análisis como el que pretendemos, de comprender la dinámica del conflicto social, en este caso de las relaciones étnicas, los espacios del conflicto y los  sociales  se modifican y cambian en la dinámica misma de un conflicto. Igualmente, es necesario tener en mente que, un movimiento social no está solo hecho de acciones colectivas sino de una multiplicidad de acciones, las cuales tienden a modificar de modo factual aquellos polos de la relación que están en cuestión en ese movimiento. De ahí la importancia precisamente del contexto social y político. Estos, a su vez, resultan insuficientes para la comprensión sin completarlos con un análisis sobre la condición estructural de los actores de estos movimientos. Una dinámica del conflicto, finalmente, no puede entenderse sin las orientaciones de los actores ni  sin ¨lo que está en juego¨  o por definirse en el contexto.  Es la dinámica del conflicto que así se diseña.

 

1-  La constitución de los actores sociales étnicos

            Las organizaciones de tercer grado que tienen una concepción de identidad étnica, en parte, son fruto de un inicial proceso de organización al nivel local, en formas diversas como cooperativas, asociaciones agrícolas y en casos artesanales, desde fines de los 50.  Estas organizaciones son diferentes de aquellas que las centrales sindicales, bajo la egidia, primero, de partidos de izquierda (Socialista y Comunista) y, luego, de la Democracia Cristiana han formado con campesinos que en su mayoría también eran indígenas, las unas  desde los 30-40 y la última desde los 60-70. Sin embargo, predominó en estas organizaciones una concepción de clase y no la étnica. Buscaban redefinir las condiciones de la hacienda o de la tenencia de la tierra. La formación de las organizaciones étnicas locales a las que inicialmente nos referimos, en cambio, partían de integrar a las poblaciones rurales, incluidos indígenas, para metas consideradas de desarrollo. De modo implícito, borraban la condición de discriminación étnica predominante al considerar que el “desarrollo” era para todas las poblaciones; se promovía una consideración de igualdad social. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones étnicas de tercer grado serán sobre todo el fruto de la emergencia de nuevos dirigentes indígenas en los 60-70.  Se trata de una fase de modernización de dirigentes, gracias a los proyectos de desarrollo para compensar la pobreza rural (p.e. Misión Andina, Punto 4); a la formación de maestros rurales hecha por el Estado en Escuelas Normales ad-hoc; y, a los cambios de orientación del clero católico que llevó a la formación de catequistas indígenas. Muy poco se refiere, en este proceso, a la importancia de las iglesias protestantes cuyo proselitismo en la coyuntura de cambios de entonces se incrementaba. La Iglesia católica se redefinirá en clara competencia contra estas otras iglesias y contra las organizaciones de izquierda, también en auge. Proyectos de desarrollo, educación y religiones, por vías diferentes, convergen para modificar los límites de la discriminación étnica, al hacer que los excluídos, indígenas, accedan a espacios antes a ellos vedados. En el caso de los evangelistas y protestantes, la promoción de la idea de la igualdad entre “hermanos” como es sabido, tuvo  aún mayor incidencia en las mentalidades rurales para transgredir esos límites.  Las iglesias con sus catequistas  y los maestros rurales fueron los más importantes promotores de las organizaciones de tercer grado con una concepción de pertenencia étnica. La mayor parte de estas organizaciones se forman con los objetivos y protección de la Iglesia Católica y una minoría, fuera de ella. Una parte de esta esposará las corrientes de izquierda. Desde un inicio, se desarrolla una disputa para laicisar a esas organizaciones. Hasta ahora, sin embargo, de modo directo o indirecto, persiste un lazo con el clero católico  y, en el caso de una minoría, con el sector evangelista.  Igualmente, desde un inicio, los sectores próximos a las izquierdas, tratarán de acercar estas organizaciones a las corrientes sindicales y a volver predominante el discurso de clase a detrimento del reconocimiento de lo étnico.

            CONFENIAE Y ECUARRUNARI

La organización amazónica Shuar (FICSHA, Federación Indígena de Centros Shuar y Ashuar) es considerada la primera, de las organizaciones de segundo grado (1961).  Creada bajo la iniciativa de  los salesianos, se desarrolla con los cuadros formados para su tarea de evangelización. Adquirirá rápidamente importancia pública al ocuparse de una red escuelas radiofónicas en los diversos centros Shuar. Ante la colonización, sus acciones se encaminarán a lograr el reconocimiento colectivo de la tierra para sus miembros. La FICSHA rápidamente definirá una estrategia que es la búsqueda de una dinámica de autogestión, garantizando la tierra y la educación, en un inicio. En segundo lugar, estableciendo una práctica de pragmatismo en sus relaciones con cualquier contraparte externa, incluido con el Estado. Finalmente, hace de la organización su principal instrumento de modernización; por medio de ella llegan los nexos con el mundo externo, y consecuentemente, logra una transición entre autoridades tradicionales y los dirigentes de la organización. A la larga, se crea una simbiosis entre autoridades locales y dirigentes de la organización. Es decir, se constituyen en un sistema formal paralelo al oficial.

Este esquema inspirará a las demás organizaciones indígenas formadas por los demás pueblos amazónicos y, en un segundo momento, a la CONFENIAE (Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana) que las asocia a todas (1980). A pesar de las diferencias religiosas, ha predominado una organización en cada pueblo y no es sino por presión gubernamental que se han formado nuevas organizaciones paralelas, en particular en la población Shuar.  

            El conjunto de las organizaciones indígenas de la Amazonía fueron, primero, creadas por las misiones católicas y, luego, por las evangélicas predominantes en la región. En la Sierra, ECUARUNARI fundado en 1972 corresponde al auge de organizaciones en el sector rural. Lo constituyen cooperativas, comités parroquiales, asociaciones, cabildos comunales, entre otras organizaciones, de las principales provincias en las cuales predomina la población indígena. Fue promovido por la Iglesia católica en su fase de cambios en sus pautas de evangelización que busca un mayor reconocimiento de las poblaciones concernidas y le lleva a formar catequistas indígenas. De ahí el eje de valoración cultural indígena y no de los aspectos de clase.  Las organizaciones  integrantes de ECUARUNARI se distanciaron rápidamente del clero católico pero no incluirán sino en estos últimos años a los sectores evangélicos. A diferencia de los Shuar, esta organización no tendrá una estrategia de acción definida ni estrategia económica. Será más bien presa de diversos criterios de orientaciones, entre los sectores favorables a la izquierda y poco favorables a un discurso étnico, el de los clérigos que se encontraban en la posición inversa y en nexo con las posiciones de su iglesia, y finalmente, un sector laicisante que se vuelve el predominante pero sin orientaciones definidas a más de defender una orientación de identidad indígena. Tampoco, esta organización podrá ser la representante de la población indígena en donde estaban sus organizaciones. Predomina en la Sierra la multiplicidad de organizaciones y orientaciones. Aún más, no todas las organizaciones indígenas de la sierra se integrarán en ECUARUNARI, predomina un mundo faccional y de competencia entre ellas, según las provincias. No es sino en 1986 cuando se forma la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) que se integran a ella la mayoría de estas organizaciones o las multiplicará y ganará más miembros a medida que logre mayor reconocimiento público e interlocución ante el Estado. Ese es un fenómeno similar al de las centrales sindicales en relación a un sindicato de base, aquellas adquieren mayor importancia para éste, cuando logran mayor presencia pública. En cambio, ECUARUNARI cumplió el rol de ganarse lentamente una presencia pública como “diferente” de las demás organizaciones campesinas; un rol de construcción de una identidad pública. Lo hará ocupándose de diversos problemas que se vuelven predominantes, según la coyuntura, de la tierra a la educación o a los proyectos de desarrollo, pero presentándolos como parte de una proceso de afirmación indígena, un derecho de igualdad y no tanto como una demanda de clase.  Bien pueden ser considerados problemas sociales de clase, pero el sentido de su acción es el de una afirmación étnica. La  CONAIE (1986) se formará previo debate por el cual su propuesta primera, de ser una organización indígena y campesina (CONACNIE), se modificará al eliminarse este aspecto de clase y privilegiar el étnico. Buscará a constituirse como representante del conjunto de organizaciones indígenas y primará desde un inicio el proyecto de convertirse en interlocutora del Estado como representante de poblaciones étnicamente diferenciadas.

El conjunto de las organizaciones indígenas conocerá un proceso de redefinición  según los problemas predominantes en una u otra coyuntura pero mantendrá una polarización de alteridad definida en términos étnicos, que lo hemos llamo el cotejo étnico.

            - La educación como reivindicación de igualdad para los niños y las niñas indígenas, tanto para el acceso a la misma como para tener un trato no discriminatorio en la escuela, y finalmente para constituir escuelas propias, es la reivindicación de estos nuevos cuadros o es este el motor para la constitución de estas organizaciones, generalmente antes que la de la tierra Coincidentemente, puede constatarse que un fenómeno similar acontece en  todo el continente.

            - La tierra o la lucha por la tierra será el segundo incentivo para la constitución y desarrollo de estas organizaciones. Más precisamente, son las organizaciones de origen sindical las que promueven el cambio en la tenencia de la tierra con la Reforma Agraria y serán, luego, estas nuevas organizaciones las que plegarán al movimiento. Podrán, entonces, ampliarse  y responder a la necesidad de acceso a la tierra para otros sectores que los incluidos en las organizaciones sindicales. Este proceso permitirá a estas organizaciones, que a la sazón son las de la Sierra, ampliar su horizonte social y de acción, al incluir en sus concepciones los aspectos de clase relacionados a la disputa por la tierra. La dinámica de este conflicto le empujará a ampliar sus propuestas, definirse ante un Estado más proclive al sector terrateniente y a largo plazo a compartir acciones con las demás organizaciones de campesinos, con identificación de clase. Estas a su vez, a medida que se incrementan las étnicas y su legitimidad, terminarán incorporando los aspectos étnicos, tal es el caso de la filial de la central sindical CEDOCUT, la FENOC que se vuelve FENOCIN y lo mismo en la más reticente de todas, la CTE, de orientación comunista, con su filial campesina FEI.   

            En la Amazonía, la situación fue diferente. No se dio tal lucha para el acceso a la tierra sino para mantener sus territorios ante los procesos de colonización. En un primer momento, se trata más bien de estrategias defensivas y no ofensivas como en el caso anterior de las poblaciones de la Sierra. En un segundo momento, ya avanzados los 80, en cambio, se modifican sus acciones para obtener la legalización colectiva de sus tierras. Esta fase conllevó una redefinición de orientaciones y de actividades para centrar su accionar frente al gobierno, algo diferente del pasado, que les llevará con el tiempo a realizar acciones públicas de protesta. Acciones, interlocutores (Estado, gobierno central u Congreso, autoridades diversas, etc.) y componentes de “lo que está en juego” en la coyuntura cambian y con ello se redefinen los dirigentes y las orientaciones.

            - La educación bilingüe se convirtió también, por un tiempo, luego de la fase de Reforma Agraria en la reorganizadora de las organizaciones. La actividad principal por ellas promocionada fue primero la alfabetización y luego la educación primaria bilingües. La característica ecuatoriana es que este proceso se hizo bajo control de las organizaciones indígenas. Por un tiempo, ser dirigente de la organización y maestro resultaban equivalentes. La preocupación de la organización y de sus dirigentes fueron los programas educativos. El proceso se inició con la constitución de escuelas paralelas a las oficiales en un  esfuerzo de crear un sistema paralelo distinto del oficial. Este proceso inicial se modifica cuando el Estado reconoce oficialmente un programa oficial de educación bilingüe con un programa especial, un personal ad-hoc indígena, recursos particulares y una estructura burocrática del Estado (DINEIB, Dirección Nacional de Educación Intercultural y Bilingüe) controlada por las organizaciones indígenas. Este proceso favoreció un acercamiento y concertación entre organizaciones indígenas de diversas confesiones y las campesinas de origen sindical.

- En una tercera coyuntura, predominará la búsqueda de proyectos de desarrollo, una vez estatuido el acceso a la tierra. Se tratará de la puesta en valor de los recursos rurales, incluida la tierra cuando la disputa por el acceso a la tierra llegará a su límite, es decir cuando cambia lo que está en juego en la coyuntura. Las relaciones, posiciones y dirigentes cambiarán una vez más, predominarán aquellos que cumplían una función de intermediarios entre la comunidad y el mundo de afuera, sean las entidades del Estado promotoras de mejoras productivas o de crédito, o entidades externas de cooperación, nacionales o internacionales.

- La aceleración del proceso de crisis incidirá para que la CONAIE se encuentre a la búsqueda de propuestas alternativas de desarrollo y rastree recursos en consecuencia, esta vez ya no necesariamente con el Estado sino de modo paralelo al mismo. Concomitantemente, este proceso lleva a las organizaciones indígenas, en particular a la CONAIE  a ser interlocutora del gobierno para cambiar las políticas del Estado que afectaban a las poblaciones rurales o demandar nuevas políticas. La secuencia siguiente a este proceso ha sido buscar una presencia pública como actora política. El conjunto de decisiones, e inclusive el cumplimiento de diversas decisiones de carácter administrativo, en este tipo de sociedad,  requieren la presión pública o su paso por la mediación política. 

Conclusiones

En cada uno de estos procesos de redefinición, según las coyunturas, las organizaciones indígenas, han ampliado sus ámbitos de acción, han incorporado otras poblaciones a las que deservían y han aumentado las contrapartes con las que se relacionaban, estatales o no, nacionales o no. Superponen ejes sociales articuladores de acciones que mantienen una perspectiva de acción étnicamente diferenciada o actúan en un sentido de redefinición de la alteridad.

Igualmente, construían nuevas propuestas de acción y ampliaban su presencia hacia otros  espacios de aquellos antes considerados exclusivos de la población no indígena. Es decir, con estas acciones y perspectiva modifican las fronteras étnicas, sin embargo, a diferencia de lo que en los hechos pueden también hacer otras organizaciones como las campesinas, lo hacen con un discurso étnico el cual a la postre termina por dar resultados públicos. Esto implica que hay una apertura o posibilidad de incursionar a este nivel público. Esta incursión en el nivel público, a su vez,  potencia su accionar factual y local.  

No es una fatalidad el que los indígenas hayan llegado al rol político actual. Sin embargo, las condiciones del sistema político y su peso en las decisiones sociales  llevan a incursionar en este campo de acción. Hay una exigencia o demanda del sistema en este sentido, pero se requieren condiciones para poder hacerlo. En el pasado, todos los sectores excluidos como los trabajadores asalariados y, antes, las clases medias, vivieron similares procesos al momento de ser incluidos en los mecanismos de decisión y de ciudadanía en sentido amplio.  En el continente, sólo las mujeres viven este proceso de modo limitado, al haber incursionado en la escena pública con la protesta (por ejemplo, ante las dictaduras) y al haberse distanciado luego, con la llegada de los partidos y perder una presencia diferenciada en este ámbito político.

Los aspectos antes mencionados muestran que la constitución de estos actores sociales y políticos, llamados organizaciones indígenas como agentes de un movimiento de identidad, es un largo proceso por el cual estas organizaciones van estableciendo diversos medios de reconocimiento y presencia con las poblaciones miembros.

Se trata finalmente, de una dinámica de competencia con otras organizaciones en el mismo medio rural, las organizaciones sindicales. Estas han ido perdiendo legitimidad a medida que la realidad desplazaba lo que estaba en juego en el mundo social de cada coyuntura y que su discurso no lograba adaptarse a la nueva realidad. En contra parte, las indígenas, sin tener una propuesta definida de ante mano, han logrado adaptarse a la coyuntura e ir marcando presencia en cada momento, a la postre con ello se legitima su perspectiva étnica.

            En las organizaciones indígenas, existen dos dinámicas de acción marcadamente diferenciadas que persisten como dos ejes del proceso de cambios étnicos; uno al nivel local y otro al nivel de la escena pública. Empero, los dos terminan relacionados por una misma dependencia orgánica a la comunidad andina. El núcleo de base de estas organizaciones es mayoritariamente la comunidad, es decir una entidad socioeconómica y política lo cual otorga cierta permanencia a dichas organizaciones. Sin embargo, estas organizaciones mal pueden adquirir completa autonomía en sus acciones y decisiones si no logran algún tipo de acuerdo o de representación de éstas. Es parte de su dinámica el actuar tanto como delegadas de las primeras como, en otros momentos, construir una lógica de representación política.   Dos procesos que pueden ser considerados como componentes de la construcción de una nueva representación.

2- Acciones colectivas y en la escena política: protesta y presencia pública.

2.1 Actos colectivos

Desde hace diez años, diversos actos colectivos han permitido que las organizaciones indígenas, encabezadas por la CONAIE, puedan tener presencia en la vida pública, lograr reconocimiento entre sus miembros  y, de modo creciente, convertirse en interlocutores del Estado, finalmente, ser líderes de la protesta popular y representar a los sectores populares y contestatarios En segundo lugar, desde 1996, estas organizaciones forman una asociación política, Movimiento Político Pachakutik, en el cual diferentes dirigentes de las organizaciones indígenas han sido candidatos a diversos niveles de representación política en municipios, en el Consejo de la Provincia (equivalente al Departamento en el Perú) o a la diputación para el «Congreso Nacional”. Haremos una rápida presentación de estos hechos[7].

 

El Levantamiento de 1990

 

El acontecimiento desencadenante de estos hechos es el acto colectivo de protesta llamado “levantamiento indígena”, realizado en 1990. (refer. bibliográfica)

En la historia contemporánea nunca se había visto que los indígenas, identificados como tales, se apoderen de las carreteras principales de la Sierra, en un país ahora fuertemente interrelacionado, bloqueen el tráfico entre las principales regiones del país y lleguen a pueblos y ciudades en buen número de provincias andinas. Ese no era su espacio. Habían sido recluidos al campo. Ahora, en masa venían a la ciudad, obligaban a las autoridades principales a que lleguen a sus lugares de concentración, como el coliseo y oigan sus discursos sobre su condición de personas excluidas de las decisiones, sin servicios de base, discriminadas por autoridades y ciudadanos corrientes, vejadas y maltratadas en los lugares públicos o en el transporte.

Sin embargo, más que las quejas, predominaron las  exigencias que se cumpla con las promesas políticas, pues, ¨eran ciudadanos¨; la expresión de la desconfianza hacia los no indígenas; y que se los reconozca como pueblos diferentes. Siguiendo una larga  tradición, obligaron precisamente, a las autoridades, a firmar “convenios” en los que se comprometían a responder a sus necesidades de tener agua, servicio eléctrico, escuelas, caminos, menos impuestos, pero también a no discriminarlos en las oficinas públicas.  Las autoridades aceptaron. El gobierno formó una comisión especial para negociar con los indígenas, sobre sus propuestas y demandas. Por primera vez, los indígenas eran reconocidos públicamente como interlocutores del gobierno. Fueron necesarios días enteros de protesta que paralizaron el comercio y la comunicación terrestre entre la Sierra y la Costa.

A más del hecho histórico para los indígenas de convertirse en interlocutores del Estado y de recibir amplia cobertura de prensa, algo completamente inusual hasta entonces, seguida de un debate sobre su condición social y la idea del reconocimiento de los derechos colectivos, este acto colectivo significó al interior de las poblaciones indígenas un encuentro consigo mismas. En efecto, se rompen barreras de mutuo aislamiento entre estas poblaciones, a través de compartir un mismo acto colectivo de protesta entre poblaciones ausentes las unas de otras pero integradas gracias a la prensa. Simbólicamente, se configura y percibe la idea de pueblo, es decir la pertenencia a la comunidad de ausentes o distantes, la “comunidad imaginaria” de B. Anderson. Este acto puede ser interpretado como una afirmación colectiva que modificó las relaciones entre indígenas y no indígenas. El acto mismo, como nunca antes, suscitó una adhesión  significativa de varios sectores no-indígenas, incluido en Guayaquil, ciudad distante de estos problemas. Desde entonces se conocen diversos fenómenos de valoración de sí mismos, de su pasado y de ampliación de sus espacios de acción en el Estado o en la sociedad, en los diversos actos y espacios cotidianos. Para muchos indígenas, igualmente, con este acto quedó claro que eran ecuatorianos, es decir ciudadanos  y tenían derechos como los demás, desde  solicitar el uso de la banda del Consejo Provincial en una fiesta del pueblo a exigir nuevos servicios públicos, como teléfonos o museo o escuelas particulares[8].

Como es común, un acto de tanta trascendencia resulta polisémico,  a más del hecho que las participaciones fueron también diferentes de un sitio a otro, o de una organización a  otra, cada cual definió su programa y metas, fuera del hecho que muchos definieron planes y programas posteriores a la acción colectiva y los legitimaron en el éxito de la protesta. Fue un acto que permitió un auge de formulación de propuestas. Junto a estas propuestas locales, estuvieron varias promovidas por las organizaciones nacionales. Nosotros hemos  catalogado  a estas como de clase, otras étnicas,  entre ellas la idea de una ciudadanía diferente, con derechos colectivos. Desde entonces estos aspectos se han ampliado y tomado nuevos causes.   

1991-92 se amplían los participantes en la protesta colectiva

 

Entre 1991 y 92 diversos actos muestran esta continuidad de afirmación y presencia pública.

23 de Abril de 1991, una larga e impactante marcha de las organizaciones amazónicas llega a Quito para exigir la legalización de los territorios. Este sector no fue participe, sino de modo simbólico, del levantamiento de 1990, de este modo se convertía en actor de la protesta con la importancia de los anteriores participantes. Fue el ¨levvantamiento¨o acto colectivo de protesta de las poblaciones amazónicas.

28 y 29 de mayo de 1991, hay una toma simbólica del Congreso por dos días para tramitar la amnistía de indígenas enjuiciados penalmente en actos de protesta. Los amazónicos anuncian que se conformará un Parlamento Indígena para iniciar un autogobierno. Este será un mecanismo utilizado reiteradamente para marcar la diferencia colectiva con el gobierno y el congreso oficiales.

Para octubre de 1992, con motivo de los 500 años de la conquista española, se realizan diversos actos públicos, en particular se vuelve a ocupar las carreteras e impedir el tráfico. Si bien no son actos que logran el éxito en la movilización e impacto que en 1990, tiene cierto impacto según las provincias. 

1994: el levantamiento con la Ley de Modernización Agraria

Las protestas indígenas volverán a ser parte de la vida pública, en 1994. Por diez días, otra vez,  fueron cerradas las carreteras y paralizado el transporte. La protesta nació y creció inesperadamente, cuando el Congreso aprobó una Nueva Ley de Modernización Agraria promovida por el Gobierno de Durán Ballen, ampliamente inspirada en las ideas neoliberales y con el apoyo del FMI. Esta Ley acababa con la idea de Reforma Agraria o de dividir las grandes propiedades para que los campesinos puedan disponer de un pedazo suplementario de tierra; como ya se hizo en otros países se definía que sean las normas del mercado las que rijan la vida rural. Por este medio, se quería también que la tierra colectiva, de las comunidades, se venda sin restricciones;  disponer fácilmente de las tierras de páramos, que son reservas de pastoreo y protectoras de la humedad de las tierras bajas, además de albergar a codiciadas fuentes de agua. Se abría la posibilidad para que las aguas,  un bien raro e indispensable, pueda ser captado por los grandes terratenientes.  La situación resultaba aún más complicada si se considera que son los campesinos, en particular  los indígenas, quienes alimentan al país, pero no lo hacen en las mejores tierras sino en las laderas, en las tierras que se erosionan constantemente, mientras las tierras más fértiles, de los valles, consagradas a la ganadería, son de los terratenientes. Esta ley finalmente, favorecía la exportación y no se refería a la alimentación interna. Esta ley, por consiguiente, que topaba diversos sectores rurales y modificaba las reglas de juego predominantes hasta entonces,  logró aglutinar a diversos sectores antes en divergencias.

Una vez más, el gobierno se vio obligado a formar una “mesa de negociación” encabezada por los presidentes del gobierno y del Congreso, a más de cinco ministros. A ese punto era importante la ley y los acontecimientos de protesta. Las organizaciones campesinas e indígenas reunidas reformaron la ley en una negociación con las Cámaras de la Agricultura. (Guerrero, A. 1998)

Esta negociación fue considerada ejemplar, una necesidad para que exista la democracia y un reconocimiento al pluralismo. El éxito de la movilización y de sus resultados políticos, volvió a legitimar a la protesta.

            A más del éxito del acto colectivo, en esta ocasión se revirtieron los términos de las relaciones de las organizaciones rurales. En efecto, participaron cinco organizaciones nacionales, sindicales o no, sin embargo, fue notorio esta vez que la CONAIE tenía mayor capacidad de convocatoria y por lo mismo disponía de reconocimiento social. Se modificaba así una situación en la cual las organizaciones indígenas eran consideradas débiles y las otras las portadoras de las propuestas legítimas.  La CONAIE, igualmente, mejoró su imagen pública al haber sido la entidad de conciliación y mediadora entre posiciones del gobierno o de los terratenientes y las de sectores sindicales que defendían sin más  la idea de la Reforma Agraria anterior. Del proceso de negociación sobresalió el pragmatismo de la CONAIE y su admisión que había que realizar cambios diferentes a los del período de reforma agraria.

Así, a más de lograr mayor reconocimiento de la población, la CONAIE lo adquiría también en los no-indígenas y se reforzaba como ente de la interlocución para los sectores rurales.

Finalmente, en la lógica del sistema político ecuatoriano, se hacía una vez más  visible que no se podía imponer las reformas en curso, sin consulta o acuerdo con los sectores contestatarios. Luego, los sindicatos antes expresaban un empate de fuerzas entre los proponentes de las reformas neoliberales y sus oponentes; ahora lo hacían las organizaciones indígenas. 

 

El referéndum de 1995

 

            El mismo gobierno de Durán Ballen ante las dificultades de pasar dichas reformas debido al empate político mencionado, decide realizar un referéndum con varias propuestas al respecto, previa campaña pública que preparaba los referentes de pensamiento para aprobarlas. Una campaña pública realizada por un sector de los sindicatos petroleros oponiéndose a las propuestas, recibirá el apoyo de la CONAIE, entre otros sectores y ganará en la mayor parte de las preguntas consultadas. Desde entonces, esta alianza  se mantiene y logra que los sectores medios en pérdida  de sus condiciones y estatus, se vigoricen y rechacen buen número de las propuestas, en particular, las privatizaciones de las empresas públicas y del Seguro Social. Este hecho volvió a darle presencia a la CONAIE y a volverle un referente  inevitable de acuerdos de los sectores contestatarios. Para esa coyuntura, estos sectores conocían un deterioro de sus acciones y espacios, pérdida de presencia y de propuestas. Este hecho modificó las actitudes y posiciones de estos sectores.

 

1997: la Asamblea Constituyente y la nueva Constitución

El 12 de octubre de 1997 llegan a Quito, según las versiones, entre 5.000 y 10.000 caminantes luego de una larga marcha, de varios días, proveniente de  varias regiones del país, hay una simbólica toma del Congreso en repudio a la corrupción. Los caminantes participaban luego a la Asamblea Constituyente Alternativa convocada para elaborar una Constitución alternativa, previa a la oficial que se elaborará dos meses luego, en la Asamblea Nacional convocada para ese efecto. Se expresa el deseo de disolver el Congreso y de remplazarle por esta Asamblea Constituyente. Constátese que se le da un nombre de mayor envergadura a la entidad oficial encargada de la elaboración de la nueva constitución y que se reúne un de 12 de octubre de reminiscencias históricas. Se busca darles otros sentidos a las entidades y a las fechas. Está la idea de refundar el país como era común en los medios contestatarios del país. Precisamente, a más de los 71 delegados de los diferentes pueblos originarios, los  cuales deben luego discutir los resultados en sus Asambleas Provinciales, habían delegados/as de otras organizaciones no indígenas, como las de las mujeres, de los jóvenes, de artesanos, de la pequeña industria, de estudiantes que se los considera representar a la sociedad civil.

Una vez más, se buscaba ampliar la participación de varios sectores sociales para conformar una idea de unidad nacional popular. Es la CONAIE y a través de ella el movimiento indígena que adquiere la imagen de pluralista.

1998: un paro contra las medidas de ajuste.

Un paro anunciado por la CONAIE para el 29 de septiembre de 1998 junto con una huelga nacional promovida por los sectores sindicales del FUT (Frente Unitario de los Trabajadores, que integra a las principales centrales sindicales) para el primero de octubre y otros sectores sociales en oposición a las medidas de ajuste definidas por el gobierno (en particular la eliminación del subsidio del gas de uso doméstico, del diesel y de la electricidad) y las propuestas de privatizar las empresas y servicios estatales, termina por adelantarse en el centro del país, desde el 28 de septiembre por las organizaciones indígenas del lugar. Con un ímpetu sorprendente se paralizan las carreteras y seis provincias del norte y centro del país quedan aisladas, al igual que las carreteras que integran la Sierra con la Costa. La paralización dura cuatro días en las provincias centrales. La dirigencia de la CONAIE suspende el paro porque el gobierno propone una mesa de concertación permanente, pero en estas provincias persiste la protesta. Aún más, paralizan las ciudades capitales de tres provincias a la semana siguiente, a pesar del diálogo con el gobierno. En la ciudad de Riobamba inclusive, se considera que entre 15.000 y 30.000 manifestantes ocupan la ciudad.

El gobierno propone el establecimiento de seis mesas de trabajo para elaborar políticas. Las organizaciones indígenas están obligadas a formular propuestas otras que las propias a la oposición y al rechazo de las medidas de ajuste. Este tránsito entre el rechazo y la formulación de alternativas fue uno de los aspectos que terminó por deslegitimar a la protesta sindical que ahora reemplazan las organizaciones indígenas. Es notorio que las organizaciones indígenas tampoco tienen alternativas ni existe consenso en su interior sobre las propuestas a negociar con el gobierno. Se alternan  propuestas globales con muy circunscritas y particulares o simplemente se modifican las propuestas hechas en un primer momento. La  negociación no resulta entonces ser muy viable en estos Foros de Concertación.

1999: el éxito de la protesta, la integración de los sectores medios y la conversión en eje de la protesta popular

Similares hechos, con mayor envergadura, se vuelven a repetir en 1999, al menos en dos momentos, igualmente, para frenar el establecimiento de las condiciones para la firma de la Carta de Intención con el FMI.

Marzo

Para marzo de 1999, la crisis económica sobre todo en el sector financiero y con un agudo déficit fiscal lleva al gobierno, a tomar diversas medidas compensatorias de dicho déficit y favorables al sector bancario que implican diversas modificaciones del sistema de impuestos y alzas en los servicios públicos. Una Ley que de hecho significa una serie de reformas a numerosas leyes (más de diez), llamada por ello Ley Trolebus, es presentada con carácter de urgencia.  Igual que para el caso anterior, tanto el sector sindical, por un lado, como la CONAIE, por el otro, conciertan un paro que termina siendo canalizado por la organización indígena, en un claro contraste con lo que acontecía antes. La CONAIE rompe el diálogo con el gobierno mientras este declara el estado de emergencia, el cierre de los bancos por una semana, luego de lo cual se encauta la mayoría de las cuentas bancarias y de se incrementa el costo del combustible.

Igual que para el caso anterior, la oposición a la ley permite la confluencia de diversos sectores que no actúan conjuntamente. Ha sido decisiva para la acción, en este caso, la participación del sector de los transportistas, sobre todo de los taxistas. Mientras la CONAIE logra la paralización del sector rural y de las comunicaciones terrestres, una astuta y flexible acción de protesta de los taxistas, en particular en la ciudad de Quito, permiten una exitosa paralización por varios días que conlleva las molestias de una carencia de alimentos en las ciudades y otros problemas por la falta de transportes urbanos e interurbanos. 

En una creciente paralización que dura más de quince días, el sector sindical inicia las protestas primeras, pero por diez días la paralización de las carreteras las inician las organizaciones indígenas en tres provincias (Imbabura, Azuay y Tungurahua), y luego se incorporan otras que terminan por paralizar toda la Sierra y su nexo con la Costa y parte de esta región generalmente distante de estos actos de protesta; entre 5.000 a 8.000 indígenas llegan a la ciudad de Ambato  y de Latacunga; en la pequeña ciudad de Guaranda se realiza una marcha de unas 12.000 personas de múltiples sectores sociales;  la falta de productos en los mercados, como en 1990, es racionalizada como una prueba que los indígenas son quienes producen la alimentación interna. Es decisivo en ciertos lugares la demanda local de reducir los incrementos de las tarifas eléctricas y el impuesto para la recolección de la basura y de los bomberos, al considerar que mal se puede pagar un impuesto por un servicio que no se tiene.

Otra vez, los sectores indígenas se adelantaron al día propuesto para la protesta y desencadenaron un movimiento de protesta que fue adquiriendo nuevos adherentes a la par de que dejaba sin capacidad de control a las fuerzas del orden. Fue notoria la presencia discreta de las fuerzas armadas y de la policía, a pesar del hecho que anuncian impedirán la marcha de los manifestantes hacia Quito,  anunciada para el 22.

El paro fue considerado indefinido hasta cuando el gobierno no retire la ley  y elimine la declaratoria de emergencia. La salida según la CONAIE sería un nuevo gobierno cívico militar.  Desde entonces la CONAIE propone la revocatoria del  mandato presidencial si no cambia su política y declara el fin de la incautación de las cuentas de ahorros. 

A los 22 días de iniciado este acto colectivo, el 20 de marzo, los dirigentes declaran el fin del paro previo acuerdo con el Gobierno.  La CONAIE presentó un Mandato Nacional de Pueblos y Nacionalidades con once puntos para ser discutidos en una Mesa par el Acuerdo Nacional, que luego comprenderá 12 temas.  El paro, sin embargo, persiste en la Amazonía y en dos provincias centrales con una toma de la Catedral en Guaranda y unas marchas en Riobamba. Los obstáculos en las vías son de tal envergadura, de todos modos que se requería de días para habilitar las carreteras.

   Este paro terminó con diversas propuestas de negociaciones venideras y con resultados concretos que lo volvieron exitosa y, por lo mismo, legitimó la protesta, una vez más: - mesas de diálogo para un Acuerdo Nacional; - cuentas de las organizaciones sociales y de una parte de los ahorristas a desencautar; - un fondo de desarrollo para las poblaciones indígenas; - revisión de las tarifas eléctricas en el sector rural; - reorganización del proyecto para las poblaciones indígenas y afroecuatorianas (PRODEPINE); - medidas de control de precios; -  libertad de todos los apresados en las manifestaciones de protesta; - frecuencias de radio para las comunidades indígenas; - un fondo presupuestario suplementario para el departamento de Educación Intercultural y Bilingüe (DINEIB) y la medida de real impacto para el conjunto de la población es mantener el precio del gas de uso doméstico (S/. 25.0000).

Este último hecho le dió  un reconocimiento importante a la CONAIE en amplios sectores populares urbanos de la Sierra y de la Costa,  igualmente, en los sectores medios empobrecidos con la crisis. 

Junio

            El mismo proceso anterior de protesta vuelve a repetirse desde el 8 de junio luego que el gobierno anuncia otras medidas de ajuste. Las organizaciones en la protesta pronen ahora que el gobierno renuncie. Diez ciudades se encuentran paralizadas. Los taxistas también adhieren al paro ya que se cuenta incrementar el precio de la gasolina. Dos ciudades centrales (Latacunga y Ambato) están virtualmente sitiadas, en una de ellas los manifestantes ocupan las antenas que permiten a radioemosoras y canales de televisión transmitir de una región a otra. Luego de una semana de paralización, en esta vez, la policía conoce mayores enfrentamientos con los manifestantes y junto con las Fuerzas Armadas anuncian que impedirán la marcha hacia Quito para el 17 de junio. Esta marcha de todos modos se produce, rompiendo en varios sitios el cerco militar. Alrededor de cinco mil personas llegan a Quito, muchas de ellas mujeres que adquieren en esta oportunidad una presencia pública particular. El gobierno rehusaba en esta vez, todo encuentro con las organizaciones contestatarias las cuales pedían eliminar las propuestas de privatización de las empresas públicas; concretar el Fondo de Desarrollo para los indígenas; reducir el pago de la deuda externa; congelar los precios de la gasolina, gas y electricidad. El paro, sin embargo, luego de 12 días de paralización de buena parte del país, terminó cuando el Presidente de la República y una comisión ministerial negoció, en la Casa Presidencial, con un nutrido número de manifestantes, un Acuerdo en nueve puntos, que en particular, incluía el fin del estado de emergencia, la desencautación secuencial de los ahorros, el congelamiento del precio del gas y de la gasolina hasta junio del 2000, el establecimiento de tarifas escalonadas del servicio eléctrico (persiste el subsidio).  Otra vez, las organizaciones indígenas elaboran una agenda para el diálogo y se vuelve a constatar el vacío al respecto y la ausencia de consenso para los aspectos concretos. El diálogo vuelve a fallar al poco tiempo de establecido. 

Tanto en la prensa como en los gestos de apoyo a los manifestantes se hace visible, aún más que en el paro anterior, la adhesión a esta protesta por sectores medios que antes, en el país, más bien tenían abierta distancia hacia el sector indígena. Es la protesta la que les integra y de este modo legitiman el liderazgo de la CONAIE. Para este momento la CONAIE ya adquiere suficiente reconocimiento público para ser la portavoz de los sectores contestatarios a las reformas propuestas por las Cámaras de Guayaquil y el Fondo Monetario Internacional. 

2.2 Acciones del actor político

Del mismo modo que en varios países lo hizo antes el movimiento sindical al disponer de dos niveles de acción el de las organizaciones y el político con un partido de apoyo o con sus propios representantes en el ámbito partidario y congresil, las organizaciones indígenas ahora disponen de estos dos ámbitos de acción. El sector parlamentario cumple hasta ahora un rol de cajón de resonancia de las posiciones de las organizaciones que lo crearon, las cuales a su vez presionan para la aceptación de éstas con la protesta. Como el Ecuador se encuentra en una coyuntura de una prolongada crisis social, política y económica que constantemente conlleva la puesta en debate de reformas diversas, la protesta se ha vuelto igualmente frecuente y con efectos diversos en el proceso de decisión político. Estos dos niveles de acción  pública otorgan, por ahora, a las organizaciones indígenas una presencia constante como referentes para las decisiones públicas.

            La protesta de estas organizaciones ha oscilado entre la presión con actos colectivos para incidir en las decisiones y la constitución de sistemas informales paralelos de constitución de propuestas y de decisión. Tal es el caso de  la formación de los Parlamentos Indígenas y luego Populares, de la Asamblea Constituyente Alternativa, el recurso reiterado a la posibilidad de realizar un referéndum con sus propuestas o de realizar uno simbólico y finalmente su participación en la tentativa de golpe de Estado junto con los militares en enero del 2000.

 

El  Movimiento Político Pachakutik

 

Es en el contexto de haber ganado una parte del referéndum contra las reformas neoliberales que el sector indígena y el sector sindical petrolero,  promueven la constitución del Movimiento Político Pachakutik (agosto de 1995). Como ya indicamos, su participación al nivel electoral ha sido constante desde entonces y ha logrado elegidos al nivel de diputados, y en las entidades seccionales o regionales y locales.

En 1996; al nivel presidencial conjuntamente con F. Ehlers, un periodista, como candidato presidencial, logra hacer elegir al presidente de la CONAIE como diputado junto con otras siete personas. Igualmente, 3 alcaldes de este partido son elegidos. No todos son indígenas. Se quiere precisamente hacer visible que la pluralidad implica compartir posiciones políticas con los no indígenas, ya que todos formarían el país. Para la Asamblea Nacional de 1997, son elegidos 6 asambleístas sobre 70. En las elecciones de 1998, de 6 diputados electos por Pachakutik 4 son indígenas, sobre 120 que conforman el Congreso. Una diputada, Nina Pakari, fue elegida vicepresidenta del congreso. En las elecciones parciales, al nivel local o municipal, de mayo 2000, se han incrementado las personas elegidas por este partido, la mayoría de las cuales son indígenas y sobre todo en las recién estrenadas Juntas Parroquiales que pueden convertirse en algo equivalentes a mini-municipios al nivel rural.

 

      Los parlamentos indígenas y populares

            Es en la región de la Amazonía en dónde más se ha prefigurado la idea de derechos colectivos, tanto por disponer de grandes territorios exclusivamente o mayoritariamente poblados por indígenas como por tener organizaciones con fuerte control sobre sus poblaciones, es decir existe una base para autoridades propias con ejercicio de leyes propias. Son precisamente los promotores de la formación del Movimiento Político Pachakutik y de un Parlamento Indígena con la idea de elaborar sus propias propuestas en una lógica de representación mayor que aquella que podría tener una organización. Paralelamente, se vuelve visible la idea que los indígenas son un alter al Estado, una lógica de colectividad con sus instituciones y autoridades en alteridad con el Gobierno,  territorio y territorialidad. El objetivo complementario, buscado pero no logrado, es que sus decisiones serían obligatorias para las poblaciones que representarían. Hasta ahora las decisiones tomadas cumplen un rol de propuesta política y dichos parlamentos han servido más bien para cohesionar a las nueva élites indígenas con las anteriores y para favorecer el intercambio entre los pueblos amazónicos. En la Sierra, esta idea ha tomado más tiempo el establecerse y no ha funcionado sino en ciertas provincias y en algunos cantones (p.e. Cotacachi y Guamote), siguiendo la dinámica de esta región en dónde predominan los aspectos locales. Igualmente, no son exactamente los Parlamentos Indígenas los que aquí predominan sino su conversión en  Parlamentos Populares los cuales incluyen a los otros sectores populares o contestatarios que ya forman parte de los aliados de la CONAIE, como son los sectores sindicales petroleros y varias organizaciones barriales y de grupos de presión relacionados a los círculos de asociaciones próximos a la Iglesia católica. Se volvería explícita de este modo que la idea de la «plurinacionalidad”, promovida por las organizaciones indígenas, debe incluir a indígenas y no indígenas; es una de las variantes de las organizaciones de la Sierra que en gran medida responde a su situación de vida.

 

Ante el contexto de crisis y pérdida de legitimidad política de los partidos y de los elegidos, los sectores nucleados por la CONAIE fueron uno de los principales proponentes de modificar la Constitución a través de una Asamblea Constituyente la cual se la consideraba un acto fundacional de un nuevo Estado que, entre otros aspectos, otorgue mayor representación política a estos sectores. La demanda terminó bajo control de los sectores políticos predominantes contra los cuales se la proponía. La CONAIE con sus aliados terminaron realizando una Asamblea Constituyente Alternativa  que se realizó una semana antes de la oficial y elaboró una Constitución que fue considerada alternativa. Esta larga marcha duró más de diez días, partió de diferentes regiones del país y terminó en Quito, con unas 5000 o 10000 personas, según las versiones. Esta marcha volvió a crear un fuerte impacto público y los caminantes recibieron, esta vez, una amplia adhesión en su trayecto, al expresar un descontento general ante la coyuntura de crisis política, luego de la caída de Bucaram.

Mientras para los no indígenas, este hecho de realizar ¨nuestra Constitución¨, cumplía el rol de recuperar un espacio para los sectores de izquierda y de limitar el peso de los sectores pudientes, entre otros aspectos circunscribiendo las posibilidades de las propuestas neoliberales, para el sector indígena predominaba el sentido de pertenecer a la comunidad política ecuatoriana de modo diferenciado, con el reconocimiento de los derechos colectivos. Esta Asamblea fue precedida de una imponente marcha. Tanto en los testimonios que recogimos entonces como en los debates en dicho cónclave, predominaban estas posturas entre los participantes indígenas. Es uno de las características de los movimientos de identidad, no importa tanto el contenido de la propuesta  o lo que signifique para los demás cuanto el aspecto de distinguirse. 

La marcha y la Asamblea paralela recibieron también cierta cobertura de prensa que convirtió a sus decisiones en uno de los referentes de las propuestas constitucionales a debatirse.  

 

Los referéndum o consultas populares

Tanto en esta ocasión, al proponer que sea la Constitución Alternativa la que se apruebe en la Asamblea Nacional Constitucional, la oficial,  como en otras de propuestas álgidas en el debate público, la CONAIE ha considerado que si no son aceptadas  recurrirá a referéndum. En la actualidad promueve precisamente una consulta popular sobre la ¨dolarización¨, el cambio de la composición del Congreso, las privatizaciones y otras medidas coyunturales. Para este último caso ha presentado algo más de un millón de firmas de respaldo. Este recurso le da una presencia pública constante y por ahora le permite en algo mantenerse como el referente de la oposición popular.

 

Enero del 2000: el golpe de Estado con los militares

            Para diciembre 1999, a medida que la crisis económica se intensifica y que el gobierno sigue de cerca las propuestas de las Cámaras de Guayaquil, la CONAIE al igual que varias organizaciones sindicales, anuncian un nuevo paro y presionan para la salida de J. Mahuad del gobierno.  Del mismo modo que en los casos anteriores, la CONAIE anuncia un paro y una marcha a Quito para finales de enero, para exigir tanto el cambio de las políticas económicas como la renuncia de Mahuad. En un contexto en el cual, diversos sectores del Congreso discutían desde hace un tiempo como remplazar al Presidente por otra persona que el Vicepresidente, la CONAIE y los sectores próximos pugnaban por un cambio de gobierno contrapuesto a las medidas económicas predominantes y a los sectores empresariales y bancarios ahora gobernantes. La marcha hacia Quito, será considerada ilegal por el gobierno y se anuncia un bloqueo de carreteras por fuerzas militares de control desde días antes de las manifestaciones. El proceso de protesta, sin embargo, se intensifica cuando el gobierno decreta la ¨dolarización¨ el 16 de enero. Si bien los sectores de las Cámaras de Guayaquil junto con las de Quito, al igual que la mayoría de los partidos políticos de derecha, consideran positiva dicha medida en particular porque frenaba la devaluación acelerada del sucre, el descontento se incrementa en los sectores urbanos serranos.

Los acontecimientos del 18 al 21 de enero volvieron a ligar la protesta en las carreteras, en que esta ocasión no tuvieron el impacto anterior y fueron fuertemente impedidas por los militares y la marcha a Quito. Los  manifestantes de todos modos llegaron a Quito, sin realizar la marcha pública. El resto de los acontecimientos son conocidos. La protesta permitió a una parte de los militares realizar una tentativa de toma del gobierno en un triunvirato con la dirigencia indígena y un representante de los sectores populares de Guayaquil. Fuera del hecho que no hubo consenso en el seno del ejercito al respecto y se desató una rápida oposición internacional contra esta puesta entre paréntesis del orden estatuido, volvió a aparecer la ausencia de una propuesta de gobierno alternativa y la definición de la protesta contra las medidas y las condiciones de crisis socioeconómica y política más no necesariamente en relación a una meta alternativa.

 

Conclusiones

            La presencia lograda por las organizaciones indígenas es el fruto de un largo proceso. Adquieren espacio, primero, al nivel social y luego al nivel público a medida que las organizaciones contrincantes o en competencia pierden presencia y que en la sociedad ecuatoriana existe una demanda por expresar un descontento a las reformas propuestas. El hilo que relaciona este proceso es la protesta, la cual se encuentra legitimada en la sociedad ecuatoriana.

El conjunto del repertorio de la acción colectiva de estas organizaciones revela dos aspectos relevantes, el de constituir un espacio propio, al ser alter al Estado, otro aparato paralelo y el de convertirse en interlocutores públicos de las decisiones públicas. Es el aspecto étnico que ahora está explicítado y racionalizado como tal, a diferencia de lo que puede haber sido en el pasado. Si bien puede encontrarse antecedentes desde la Colonia con la “República de indígenas” paralela a la española, se trata de una invención contemporánea. Existen condiciones para ello. La constitución de dos ámbitos de acción, lo que he llamado la recomunalización  gracias al auge que adquiere la comunidad andina con las políticas del Estado y la formación de organizaciones, se trata de la constitución de une espacio socioeconómico y político propio.  A este proceso se concatena el de ocupar el espacio en los poblados serranos de las entidades públicas o privadas que promueven el desarrollo. Estos procesos se incrementan con la afirmación política de los indígenas en el ámbito nacional Es una doble dinámica lo local alimenta lo nacional y viceversa.

 Los actos colectivos a través de la protesta han permito que se legitime la CONAIE como interlocutora pública y que la protesta sea vista como su principal medio de acción al dar diversos resultados tangibles. Tal fue el caso en 1990 y 1994 cuando simbólicamente hubo un acto de trascendencia para estas poblaciones cuando  sus dirigentes negociaron en la  presidencia y lograron redefinir una ley considerada adquirida y ganada por los oponentes. La idea predominante de hacer del mercado el mediador de las relaciones rurales tuvo que ser modificada.

La crisis de legitimidad política ha permitido que la CONAIE empate con las posiciones de los sectores medios serranos, lo cual le otorga amplio apoyo a sus actos de protesta. Los cuadros de referencia para la acción compartidos tienen en común el rechazar un estado que muestra estar al servicio de una minoría pudiente como acontece con las ventajas dadas al sector bancario.

No existe un proyecto predefinido sino que se construye en los hechos y se recurre a diversos argumentos considerados validos según el momento. Pero no es una definición de una estrategia de poder ni de Estado. Sin embargo, persiste una idea establecida cual es la de tener sus propias autoridades y territorialidad que es promovida en cada oportunidad y puede ser considerada como su principal meta. De ahí la importancia de la idea de un Parlamento Indígena y del Popular. A más de buscar una presencia o ser representados en las entidades de representación pública como  el Congreso. Las organizaciones indígenas han incorporado así la práctica de la izquierda: la idea de un poder paralelo coincide con la tradición indígena local del cabildo comunitario que es visto como el núcleo de  autoridades propias, diferentes de las oficiales o formales. En los hechos existen varias propuestas y metas, no hay un discurso sino discursos, no un proyecto sino proyectos, entre los locales y las dirigencias nacionales. Sin embargo, la dinámica organizacional lleva a que  constantemente se hagan balances y equilibrios, por momentos predominan los unos y no los otros.

Se recurre a cualquier repertorio de protesta existente en la sociedad ecuatoriana, en particular los formados por el mundo sindical como usar los mecanismos de participación y de opinión y paralelamente desvirtuar a las instituciones y sus resultados cuando no son de su parecer.

Los diversos proceso en juego muestran un cambio de las fronteras étnicas tanto al nivel local como nacional.

3-   El contexto social o las condiciones ecuatorianas para el desarrollo de los movimientos indígenas

 

                En nuestro criterio son las condiciones sociales de la emergencia de estas organizaciones las que han permitido su presencia social, éstas les otorgan la base para su actuar actual y son, en segundo lugar, las características del sistema política que explican su presencia pública y su auge actual.

Las organizaciones indígenas, como hemos indicado, nacen de un período de auge organizacional en los 60. Tanto la Reforma Agraria que ha sido el proceso de mayores cambios estructurales como las políticas promovidas por el Estado en los 70, al momento de la disponibilidad de recursos fiscales con la renta petrolera, han promovido la organización como un medio para acceder a los recursos en juego, tierra, créditos, servicios agrícolas, etc. Junto con los cambios rurales, llegan igualmente al sector rural diversos intermediarios para el acceso a recursos de proyectos de desarrollo, las ONGs y las entidades de cooperación internacional, todas promueven la organización u asociación de personas para fines comunes. Así paralelamente a la tradicional organización comunitaria, se conoce una multiplicidad de organizaciones que en casos compiten por un tiempo con la primera, o con otras entidades establecidas. Estos diversos procesos han legitimado y generalizado la existencia de organizaciones. Existe inclusive una competencia entre organizaciones de todo tipo y la participación de una misma persona en varias organizaciones.  Estas han permitido a sus miembros: el acceso a mecanismos de negociación social frente a entidades externas al medio rural; adquirir un medio de reconocimiento por parte de las autoridades; contrarrestar la condición de marginalidad individual logrando medios de presencia colectiva; establecer un medio de representación de la colectividad que hasta entonces permanecía en el anonimato; se convierte así en un activo agente de la ruptura del aislamiento social de las poblaciones rurales y de su modernización. Este proceso otorga por lo mismo a las organizaciones un prestigio social local de renovadoras en un contexto de cambios generalizados.

Estas entidades asociativas en este contexto han favorecido la afirmación de cada cual y de la colectividad local;  el acceso a recursos y servicios; la constitución de  lazos de la persona con una comunidad o colectividad de personas que le otorga nueva pertenencia en un contexto de cambio acelerado que desplaza a las pertenencias anteriores; ofrece por lo mismo medios para constituir elementos  de identidad; de construcción de propuestas que definen una visión del mundo. Por todos estos aspectos, que implican un ruptura de espacios de exclusión y de inclusión en los medios de participación social y política, a la par con el acceso a medios para hacer efectivo los derechos de ciudadanía y de citadinidad es que he llamado a la organización como la vía ecuatoriana a la ciudadanía.

 

En correlación a lo anterior, en segundo lugar, la Reforma Agraria crea un vacío de poder al reducir el del terrateniente. Si bien no pierde toda la tierra, como en Perú o en Bolivia, deja de ser el personaje de poder a la vez social y político, juez y político, un Señor. Se vuelve un terrateniente  más no predominantemente un agente de poder político, ni autoridad de hecho. Ese vacío lo llena el Estado con sus políticas y servicios. Toma presencia en el campo. Hay recursos con el petróleo, y una visión de intervención desarrollista: infraestructura, crédito, servicios como capacitación, semillas, etc. La presencia del terrateniente mantiene el conflicto rural frente al cual es menester constantemente definirse.  Se produce una dinámica por la cual la contraparte al estado son las organizaciones más no proyectos colectivistas. Existe más bien una dinámica de libre competencia para acceder a las ofertas del Estado o de sus oponentes, las diversas ONGs o entidades de apoyo externas que trabajan en posiciones diferentes.

De hecho se produce una alíanza social entre cooperación internacional y población indígena a detrimento de la población mestiza. Como es la población indígena la que más se organiza, esta logra igualmente canalizar más los recursos del Estado. Se produce así una división entre la organización como principal instrumento de desarrollo de los indígenas y la institución municipal, la de la representación política formal, como la de los no-indígenas. Precisamente, como un tercer aspecto, se encuentra el desplazamiento de los mestizos de los pueblos de las entidades que no son de representación política. Proceso que se complementa con la migración por escalas, por el cual la gente mestiza deja su lugar en los pueblos pequeños, luego en las cabeceras cantonales, finalmente, en las cabeceras provinciales y va siendo copado por los migrantes rurales. Es un largo proceso.  Las organizaciones étnicas adquieren prestigio en el medio rural indígena precisamente porque adquieren este rol de mediación estatal y por copar los espacios antes ocupados por la población oponente y socialmente de prestigio. Las dimensiones étnicas se vuelven socialmente ventajosas, permiten acceso a recursos y ventajas antes vedados.  

De los aspectos antes indicados podemos concluir que las organizaciones se consituyen en un contexto particular y que pueden ganar un espacio por la confluencia de un vacío de poder dejado por el terrateniente y llenado por la interrelación entre el Estado y las organizaciones. Este proceso que se ha dado en unos veinte años, constituye una transición que preparó a  las poblaciones rurales para ocupar ahora un rol político. No es de sorprender que ahora la preocupación de las nuevas generaciones sea ocupar el municipio. Nos encontramos, ahora,  en una coyuntura de redefinición de poderes locales. La organización, con anterioridad, ya cumplió el rol de eliminar a los intermediarios entre la población rural y el mundo de afuera.   (refer. Bibliográfica, Guerrero.....)

 

4- Componentes del sistema político ecuatoriano

                De la presentación de los actos colectivos puede ya colegirse que el principal medio de acción de las organizaciones indígenas ha sido hasta ahora la protesta. En nuestra hipótesis, este medio de acción funciona porque la protesta ya esta establecida y reconocida en el sistema político, es el medio de expresión de los sectores populares. La debilidad de los partidos políticos para canalizar las demandas y traducirlas en propuestas contribuye a ello. El sector sindical ya legitimó este hecho. Ecuador es el país con el mayor número de huelgas y paros en le continente. En promedio desde hace veinte años, se realiza una y media huelga o paro nacional por año.

            El contexto de crisis y el vacío de representación creado con la caída del mundo sindical y de los partidos políticos favorece a la protesta indígena que al lograr resultados se legitima y  se vuelve el referente de expresión del rechazo a las propuestas neoliberales en la región serrana en dónde predominan las tendencias de centro izquierda y de izquierda.

            Estos aspectos de coyuntura son insuficientes para explicar la importancia de la protesta. Son otros aspectos del sistema político que permite comprender este hecho y la presencia misma de los indígenas como actores sociales y políticos.

            En efecto, una de las primeras características suyas es que está formado por dos regiones, con culturas y orientaciones socioeconómicas históricamente diferentes, la Sierra y la Costa. En efecto,  el sistema político ecuatoriano es el de un juego de equilibrios regionalizados, reconocidos y racionalizados como tales. Este sistema de equilibrio es a la vez el fruto de un empate de fuerzas entre los dos sectores poseyentes de las dos regiones, sobre todo de Quito y Guayaquil. Para el desempate, desde los años veinte, ha permitido que puedan actuar las minorías y adquirir importancia para modificar la correlación de fuerzas. El sistema partidario, caracterizado por una regionalización y fraccionamiento pronunciado, por el cual los partidos mas fuertes, en promedio, disponen cada cual del 20% del electorado acentúa esta tendencia.  Normalmente, en el pasado, las minorías para acceder a la alianza con uno de los bloques mayoritarios ha exigido reformas de todo tipo, con lo cual igualmente, una de las características del sistema político ecuatoriano es su aspecto reformista a pesar de las mentalidades predominantes en sentido contrario. Los militares han jugado el rol de garantes del mantenimiento de las partes como un conjunto y de contrarrestar con sus intervenciones políticas en los momentos en que el desequilibrio se volvía pronunciado.

Este sistema es el fruto de una larga duración que adquieren sus principales componentes a raíz de una guerra hace un siglo que culmina con la victoria de los liberales entonces predominantes en Guayaquil Una minoría entonces termina por imponer un acuerdo de compartir el poder político. Sus élites logran un acuerdo para tener similar representación política, así siendo demográficamente menor la Costa tenía similar número de representantes que la Sierra.  A ello se inserta luego la clase media asimilada con la izquierda socialista y luego comunista. Ante el empate Sierra-Costa o de liberales y conservadores, o de élites políticas y económicas de las dos regiones, este sector logra modificar el fiel de la balanza según los momentos. Así, el juego político ecuatoriano se ha caracterizado por un empate de fuerzas y por el consiguiente proceso de negociación. Ecuador es así el fruto de sus empates regionales en lo político, socio-económico y cultural. El empate  obliga a la convivencia o en casos al enfrentamiento. En Ecuador no predomina lo que se denomina ¨nacional¨, fuera del juego político. No hay comida nacional, ni música nacional, ni referentes culturales que sean reconocidos en todo el país, al contrario predomina la diversidad regional. Tampoco hay prensa nacional, existe en cambio el mayor número de periódicos y radioemisoras locales del continente por cabeza de habitante. Eso indica lo importante que es lo seccional sobre lo nacional. Los candidatos políticos a la presidencia no pueden ser únicamente de una región, del mismo modo que los lectores de noticias en la TV, deben ser el uno de una región y el otro de la otra. Es decir predomina lo particular y su cohabitación, no necesariamente su mutua valoración y enriquecimiento. El empate político ha implicado que los serranos voten de un modo y los costeños de otro.

            Este sistema ha favorecido que los sectores populares a través de la protesta o de los múltiples espacios de representación política partidaria puedan tener un espacio de expresión. Resulta ser a varios niveles flexible para dar cabida a minorías.  Los mecanismos coorporativos que es otra de sus características, permitió en el pasado que los diferentes sectores sociales puedan acceder a las ventajas sociales del momento y contrarrestar  la jerarquía social que es también política. Predominó el corporatismo como modo de inserción en el espacio público. Lo hicieron las capas medias, luego obreros, finalmente los indígenas, es una visión de defensa de sí  y no un cambio del conjunto, es decir no se logra una propuesta global sino por sus efectos sobre la sociedad en general. Las coorporaciones y la presión política se complementan en este caso. Es un parámetro de comportamiento establecido.  En el caso de los indígenas por este medio han logrado un sistema de Educación Bilingüe bajo su control o un Programa de proyectos de desarrollo (PRODEPINE) también bajo su control, en directa relación con el Banco Mundial  (cincuenta millones de dólares)

Sin embargo, en los últimos años, los procesos que han alimentado las características regionales se han erodado y tienden a descomponerse. Es notorio que la migración interna modifica las fronteras regionales. Es conocido que ahora, por ejemplo, regiones enteras de la Sierra o de la Costa viven en mayor relación e intercambio de comercio y personas.

Esta crisis que se refleja a varios niveles como las reivindicaciones de un sistema de autonomía en Guayaquil, implica una pérdida de cohesión de los mecanismos de control estatal y política que también inciden para permitir la presencia de los sectores  antes excluidos del juego político como son precisamente los indígenas.

Si bien el mecanismo de la protesta ha sido interiorizado en el juego político, se debe explicar el por qué en el caso de Ecuador, también persiste el rechazo a las medidas neoliberales. Desde hace veinte años existe una marcada oposición a las mismas. La renta del petróleo permitió al Estado ser un activo agente de modernización y desarrollo. El conjunto de sectores sociales, incluido el sector industrial, dependen directamente por varios canales del Estado. Todos convergen al Estado en diversos aspectos. Igualmente, parte de la cohesión de un Estado con fronteras indefinidas y de espacio reducido pero densamente poblado, venía de este rol de garante de la vida social dado por el Estado, y junto con él de los militares. Poner en tela de juicio el sector estatal y su rol conlleva por lo mismo redefiniciones de las condiciones de la mayoría de sectores sociales y una visión de amenaza a la existencia colectiva del Ecuador como país. Hasta ahora, sobre todo en la región serrana que asume mucho más este rol sobre el conjunto, predomina un fuerte rechazo a las propuestas neoliberales. Puede entenderse, en este contexto, la alianza de hecho que desde hace años existía entre indígenas y militares.

 

5- Conclusiones

Se consituye un nuevo actor no sólo social sino también político. La inclusión de los marginados étnicos. Lo  que llama la atención en Ecuador es que lo hacen con la revalorización de lo étnico. Es primero una afirmación étnica.

Se redefinen las fronteras étnicas. Adaptando para el análisis de los movimientos étnicos, el concepto de Barth de las fronteras étnicas y no precisamente la definición en sí de la etnia o de una identidad colectiva, cualquiera sea, hemos visto más bien la relación de grupos sociales o de colectividades definidas tanto por pertenencias como por conflictivas relaciones de poder, que  los espacios sociales de cada cual, como sus roles y funciones se han cambiado. Ello conlleva una redefinición de la percepción de sí mismo y de los demás.

Los procesos de inserción en los mecanismos de participación pública siguen caminos diferentes en los países andinos. En el caso Ecuatoriano es un juego de presión que se realiza por medio de las organizaciones indígenas en la escena pública, en particular por la protesta. La comparación permite ver que la incidencia en la vida pública de la cuestión  étnica difiere en los tres casos; depende de la  modalidad de la inserción.  A su vez, esta tiene que ver con el modo como los sistemas políticos abordan los conflictos.

Es un contexto y un sistema político el que explica el peso adquirido por los indígenas. En síntesis, más que las acciones de los actores son el contexto y el sistema que permiten comprender su situación pública actual.

Estos procesos de inclusión en la participación política implican una ampliación de los espacios de ciudadanía a la par con el cambio del sistema político hacia el reconocimiento de los derechos colectivos. Lo que está en juego es establecer las modalidades para este ejercicio de pluralismo. Este es un cambio sustantivo en la tradición unitarista de los estados latinoamericanos. Es la idea del Estado-Nación que los sustenta que está en entredicho. Se avisora la construcción de sistemas políticos pluralistas que no requieren para ello de la idea de nación.

 En el inmediato, este movimiento contribuye a democratizar la sociedad, al favorecer la participación en la comunidad política a sectores excluidos y al  convertirlos en interlocutores de los poderes públicos. En contraste con el pasado, con el proceso vivido por otros sectores sociales, como los sectores medios o los obreros, con quienes comparten una misma tendencia coorporativa, los indígenas estan construido además, pautas de una representación diferenciada.

Una de las características ecuatorianas actuales es que este proceso de participación pública y su contraparte de apertura del sistema político, han favorecido la constitución reciente de una comunidad política que ahora comprende al conjunto de los habitantes del país. En contraste con otros países de la región, no es sino recientemente que estas poblaciones indígenas se consideran parte de esta comunidad, como ecuatorianos. En gran medida, la afirmación colectiva que manifiestan en los actos colectivos hace parte de este proceso de ratificar la pertenencia a esta nueva comunidad política.

La protesta y su contexto que lo legitima han llevado a las organizaciones indígenas a ser  las portavoces de un conflicto que es sobre todo de rechazo a una orientación de desarrollo socio económico y de promoción de otro alternativo en la disputa entre reformas neoliberales y su rechazo. En el caso del Ecuador, el empate de fuerzas que constituye parte de su crisis política entre los proponentes de estas dos posiciones, revela en gran medida una clásica disputa de orientaciones de clase.  De agentes de un movimiento étnico, a actores políticos, los indígenas organizados, en Ecuador, a través del conflicto político predominante han terminado por ser portavoces de un conflicto que no es prioritariamente étnico sino uno más típico de divergencias de clases.  Si bien todo movimiento social es polisémico, en América Latina, de por sus condiciones estructurales, lo son todavía más. Las estructuras y los sujetos sociales superponen tiempos históricos contrastados. Sus cortos ciclos sociales de constitución y cambio, contribuyen aún más a privilegiar la acción política  como medio de acción e integración de su diversidad social. Se modifican en corto tiempo, lo que está en juego y los ejes articuladores de los conflictos sociales. Los sectores activos de este movimiento étnico, han vivido un ciclo que transita del predominio de orientaciones de clase, a otras étnicas y ahora articulan las dos en un mismo proceso de afirmación colectivo. Podría ser que en poco tiempo, otro eje de articulación del conflicto social se vuelva prioritario sin que ello elimine a los anteriores, precisamente se superponen.

 

Guerrero, Andrés. 1993. “La desintegración de la adminstración étnica en el Ecuador,” in Jose Almeida et al., Sismo Etnico en el Ecuador, (Quito: CEDIME).

 

Guerrero, Andrés. 1994.  "Una imagen ventrílocua: el discurso liberal de la "desgraciada raza indígena" a fines del siglo XIX." in B. Muratorio ed. Imágenes e Imagineros. Representaciones de los indígenas ecuatorianos, siglos XIX y XX. (Quito: FLACSO-Ecuador), pp.197-253.

 



[1] Centro de Investigación sobre los Movimientos sociales. Quito.

[2]  A falta de un término de uso consensuado, aquí, sobre todo por facilidad, recurriremos todavía al término «indígenas«. 

[3]  Es notorio el creciente número de países que han ratificado el Convenio 169 de la OIT sobre las minorías y los pueblos indígenas, al igual que la incorporación en diversas Constituciones de artículos  sobre el pluriculturalismo u otro tipo de reconocimiento de derechos colectivos.

[4]- Colombres, Adolfo (comp)  Por la Liberación del Indígena. Documentos y Testimonios. Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1975.      CONAIE. Las  Nacionalidades  Indígenas del  Ecuador. Quito,  Ediciones Tinkui, Quito, 1989.     CSUTCB. Ley Agraria Fundamental, Congreso Nacional de Cochabamba, 16-20 de enero de 1984. La Paz, CSUTCB, 1984.         Federación de Centros Shuar, Solución original a un problema actual.  Sucúa, 1976.        Hurtado, Javier. El Katarismo. La Paz, HISBOL, 1986.       Kapsoli, Wilfredo. Ayllus del Sol. Anarquismo y Utopía Andina. Lima, TAREA, 1984.      Karakras, Ampam. "Las  nacionalidades indias y el Estado  ecuatoriano", Cultura, No.18, Quito, Banco Central, p. 137-145.     ONIC.  "ONIC, una Historia de Luchas y Logros",  Unidad Indígena. No. 91, mayo de 1990.       República de Nicaragua. Declaración de Principios respecto a las comunidades Indígenas de la Costa Atlántica. Managua, Mimeo, 1981.         Rivera Cusicanqui, Silvia. Oprimidos pero no Vencidos. Luchas del campesinado aymara-qheshwa, 1900-1980. Ginebra, UNRISD, 1986.        Smith, Richard Chase "A Search for Unity Within Diversity: Peasant Unions, Ethnic Federations and Indianist Movements in the Andean Republics" en Theodore  MacDonald(ed.).  Native peoples and Economic Development. Cambridge, Occasional Papers No.16, Cultural Survival  Inc. 1985.      ALAI, El Movimiento Indígena, No.88, Monográfico, Quito, 1987.      Albó, Xavier. "De MNRistas a Kataristas: Campesinado, estado y partidos, 1953-1980", en  Historia Boliviana, Cochambamba, No.5: 87-128.       Barre, Marie-Chantal. Ideologías Indígenistas y movimientos indios . México, Ed. Siglo XXI, 1983.            Al. De l'empreinte  à l'emprise, identités andines et logiques paysannes, Paris-Genève, PUF - IUED 1982.

[5] León Trujillo, Jorge. De campesinos ciudadanos diferentes. Quito, CEDIME-   Abya-Yala, 1994. pp12-13

[6]- Frederick Barth, Edit. Ethnic Groups And Boundaries. The Social Organization of Culture Difference. Boston, Little, Brown and Company, 1969

[7]  Si bien presento un resumen de estos hechos y hago sobresalir los fenómenos relevantes para el análisis, el lector que no quiere revisarlos puede ir simplemente a las conclusiones de cada caso y dejar los hechos relatados en letra de un formato más pequeño que el texto normal. Me he permitido de todos modos describir aquí ciertas constantes de estos actos, pues, revelan un proceso de constitución creciente del actor público que nos ocupamos.

[8] He relatado diversos aspectos al respecto en De campesinos a ciudadanos diferentes, op. cit.